dilluns, 23 de novembre de 2015

Celebrando nuestros orígenes


Hoy, día de la Buena Madre, nuestra Fundadora, nos llega una carta muy hermosa de Nuria Arias ss.cc., Superiora Provincial de las Hermanas. Merece la pena reflexionarla. ¡Feliz día de Enriqueta Aymer!


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Queridos hermanos y hermanas:

Un año más recordamos con alegría a nuestra fundadora. Celebramos nuestros orígenes, nuestro sentido y nuestra convocación. Hoy es un día para felicitarnos.

Comienzo con palabras de Gabriel de la Barre, que son sin duda el deseo de la Buena Madre para sus hijas: “Veo un gran número de mujeres felices de poder entregar toda su libertad a Jesús: felices de no vivir sino para Él, felices mil veces por poder consagrar todas la facultades de su alma y todos los afectos de su corazón a servirle sin trabas, a amarle con corazón indiviso, y felices de poder esperar ser libres – si necesario fuese – para derramar toda su sangre, hasta la última gota por Él y sólo por Él, felices de consumirse por amor en la inmensidad de su Amor.”

La figura de la Buena Madre nos recuerda que la fuerza de la vida en Cristo está en el interior, en el encuentro personal con Él. Ella fue capaz de ponerse en juego, arriesgar su seguridad, desprenderse de su patrimonio y renunciar a su modo de vida, por el amor de Dios que acogió en su corazón, ella decía: “Es la vida interior, la vida del alma con Dios, la que da el mérito y el gozo a la vida religiosa” y su vida fue así.

Un encuentro interior y personal, que lleva a olvidarse de sí para entregarse enteramente a los otros en un amor fraterno, concreto y cotidiano, que abarca la realidad y se pone al servicio. “Enriqueta era la Regla viviente: instruía con su ejemplo más que con sus palabras... Ella se encargó de trabajos difíciles de la casa: transportar piedras para hacer un escondrijo, guisar, llevar agua, procurarse las cosas de absoluta necesidad... y estaba totalmente entregada a los asuntos de la  Congregación” (GB) y todo este obrar se amasaba en dulzura, firmeza, afabilidad y amabilidad. 

Nuestra vida, no siempre, está interiormente atada a Dios, ni permanecemos en ese abandono absoluto en sus manos al que nos urgía la Buena Madre. Quizás por eso,nuestro camino a veces, se haga largo y costoso y no mostremos, suficientemente, el rostro y las actitudes de Nuestro Señor. Por ello hoy pido para nosotras, en palabras de nuestra fundadora “una nueva gracia, que sirva de corona a todas la otras: es la Gracia de AMAR A DIOS. Amarle ardientemente, amarle sin reservas, amarle constantemente, tanto como sea posible sobre la Tierra,” para que nuestra vida sea reflejo de su misericordia y bondad.

Feliz día a todos.

Nuria Arias ss.cc.

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