dilluns, 19 de gener de 2015

Buen olfato para las cosas de Dios


De cuando en cuando, me gusta recomendar a padres y educadores algún libro interesante para su vida espiritual y el cultivo de la interioridad. Últimamente he descubierto un volumen realmente recomendable, que reseño para la revista Vida Nueva. Se trata de “La mística de la Palabra”, de Josep Otón.


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 Josep Otón (Barcelona, 1963) doctor en Historia, profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Ciudad Condal y, sobre todo, creyente muy cercano a los jóvenes, cuenta en su haber con diversos libros sobre la interioridad, dos incursiones en narrativa juvenil y una tesis doctoral consagrada a la filosofía de la historia de Simone Weil. Entre otras muchas cosas, merece destacar que torna en oportunidad el fenómeno de la secularización en el que nos desenvolvemos en la actualidad.

Quizás el título, de entrada, pueda parecernos de una altura que nos haga estar prevenidos para leer algo tan trascendente que apenas llegue a lo concreto de lo cotidiano. Sin embargo, nada más lejano de la intención de Otón, quien, desde su encuentro con la Palabra –tras la meditación, la reflexión y la oración– nos acerca los temas esenciales de la vida cristiana con un lenguaje y unas intuiciones que abren puertas, tienden puentes e inspiran profundamente desde el Evangelio.

El abad del Monasterio de Poblet, José Alegre, indica en el prólogo que este libro muestra “una mística de la gente sencilla que tiene olfato para las cosas de Dios”. El final de cada uno de los 59 breves capítulos es un llamamiento lúcido al compromiso. Aparecen los asuntos de siempre con sabor diferente, a odres nuevos, a fiesta de Caná. Por ejemplo, en los conocidos propósitos sobre el ayuno, sugiere el autor: “Callamos para escuchar al otro. Dejamos de mirarnos a nosotros mismos para ver el dolor ajeno. Renunciamos a alimentar nuestro ego para atender a los que nos rodean. El ayuno es el alimento que hace crecer nuestra capacidad de amar” (p. 98).

El propio Otón apunta un orden de lectura diferente al establecido en el índice del volumen, de ahí que agrupe diversos capítulos por ciertos momentos litúrgicos como Adviento y Navidad, Cuaresma, Semana Santa y Pentecostés. También algunas reflexiones sobre temas específicos de la espiritualidad cristiana: María, la Eucaristía, el perdón, la fe, los relatos de los orígenes, la revelación, la pobreza, la experiencia de Dios y el sufrimiento. En toda la obra resplandece la figura de Jesús de Nazaret.

Su aproximación a Jesús crea expectación, respeto y acogida hacia su persona. Nos sitúa con sencillez: “Escuchar a Jesús significa dejarse transformar por una amistad que se expresa a través del diálogo. Es más importante la relación entre los interlocutores que el contenido de la conversación” (p. 73). Si yo fuera editor de libros, no dudaría en encargarle a Josep Otón un sabroso comentario al Evangelio de cada día. Sería un buen presente de un hermano laico a la Iglesia peregrina, siempre necesitada de palabras de esperanza.

En el nº 2.925 de Vida Nueva

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